El diván se diluye en la web

La psicoterapia virtual es una nueva técnica que comienza a instalarse en varios países y que permite que aquellas personas que no se pueden acercar, por distintos motivos, a un consultorio puedan acceder a atención psicológica de calidad y al instante.
El mundo ha evolucionado. Y la aparición de las nuevas tecnologías ha propiciado la apertura de nuevos espacios de interacción y socialización que permitieron modificar hábitos y complementar las necesidades individuales con nuevas soluciones rápidas y eficaces, con sólo apretar algunos botones.

Desde hace unos quince años, la tecnología se ha puesto al servicio de una nueva forma de acercarse a la psicoterapia de manera virtual. “Aunque estamos acostumbrados, consultantes y psicoterapeutas, a las sesiones presenciales, si rastreáramos los orígenes de este abordaje llegaríamos hasta Freud. En efecto, él mismo llegó a utilizar tratamientos por correspondencia”, cuenta el licenciado en Psicología Marcelo Sitnisky.

Este tipo de terapias es la solución para quienes, por problemas motores o fobias que les impiden salir de su casa, no pueden acceder a terapias presenciales convencionales. Asimismo, la transgresión de fronteras con ayuda de la tecnología permite que personas alejadas físicamente del consultorio terapéutico puedan tener acceso al tratamiento deseado con el profesional elegido.

“También existen personas que prefieren maximizar y utilizar las excelentes posibilidades que ofrece la tecnología actual. Si es posible que personas desconocidas se relacionen, tengan distintos tipos de contacto a través de internet, si es posible emocionarse con algo sucedido a una persona de quien sólo conocemos su nick, ¿cómo no puede ser válida la posibilidad de ayudar terapéuticamente a quien lo solicita?”. Sitnisky claramente confirma que la psicoterapia virtual es una opción que no sufre las consecuencias de la falta de contacto personal terapeuta-paciente sólo porque el vínculo se vea mediatizado por una herramienta tecnológica como lo es internet.
 
Relaciones mediatizadas

Si bien uno de los condimentos más fuertes que tiene la consulta psicológica tradicional es la posibilidad de que el terapeuta entre en contacto con el lenguaje no verbal complementario al discurso del paciente, estos elementos pueden rastrearse si el terapeuta es una persona idónea y preparada.

“La información gestual, el lenguaje no verbal que es utilizado en la terapia presencial, es una herramienta muy importante para el terapeuta. Y, sin embargo, en la terapia virtual, o a través de internet, los terapeutas experimentados podemos capturar datos, información muy sutil que viene de la mano de ciertos silencios, de ciertas omisiones, del orden en que se presentan y desarrollan los temas, de lo que se dice, de lo que no se dice, y de cómo se dice”, asegura el licenciado.

Las modalidades utilizadas en esta nueva técnica de psicoterapia varía de acuerdo a las preferencias del cliente, que puede optar por mantener sesiones telefónicas, por chat o por Skype, y hasta, incluso, con el intercambio de correos electrónicos enviados y recibidos entre el terapeuta y el paciente. Las sesiones incluidas en el primer tipo tienen una duración de una hora, el mismo tiempo que cualquier psicólogo dispone en su consultorio para la entrevista con su paciente. 

El proceso terapéutico no difiere del normal. “Al iniciar el tratamiento manifiestan su motivo de consulta. Llegan porque tienen un padecimiento, hay alguna molestia que quisieran superar. Ni bien se resuelve la problemática, se termina el tratamiento. Muchas veces sucede que, luego de resuelta una o varias dificultades, aparecen otras, que estaban encubiertas antes por la primera.  En ese momento vemos, de una manera conjunta, si seguimos trabajando o no”, relata Sitnisky.
El temor a la innovación

Si bien en algunos países los profesionales son más reticentes a adaptarse a esta nueva forma de relacionarse con sus pacientes, e incluso no es reconocida como una especialidad, lo cierto es que se ha convertido en una tendencia creciente que ha encontrado aceptación aun en hospitales que 
brindan asistencia virtual, sobre todo a personas con desórdenes alimenticios.
“Lo importante es la coconstrucción que consultante y terapeuta vamos haciendo durante todo el proceso. Se trata de reescribir, de resignificar las historias que conocemos acerca de nosotros mismos y que son las responsables, muchas veces, de esos motivos de padecimiento”, concluye.
Nuevos espacios se abren en el espectro virtual que ofrece cada vez mejores posibilidades y más expeditivas para que estar bien sólo dependa de la decisión de tomar la iniciativa.

Terapeutas a distancia

Por una mudanza, porque resulta más cómodo conectarse desde el sillón de casa o incluso por una fobia, cada vez más gente mantiene sesiones online con su psicólogo. Ventajas, desventajas, curiosidades y… ¿desconectamos acá?
Luján Francos (LA NACION)

A veces la ficción es sólo ficción y no se parece mucho a la vida real. Por suerte. Al menos, en el caso de Web Therapy, la serie escrita, protagonizada y producida por Lisa Kudrow, más conocida como Phoebe de Friends. Es que la terapeuta que ella interpretó –Fiona Wallice– y que atendía a sus pacientes únicamente a través de Internet tenía muy poca paciencia y con su método las sesiones duraban apenas… unos tres minutos.


La tecnología permite resolver las más diversas cuestiones y avanza cada vez más hacia diferentes territorios. Hay varios hombres y mujeres que hoy por distintos motivos acuden al psicólogo por Internet. Porque viven en otro país, porque les resulta más cómodo conectarse desde el sillón de su casa o incluso por una fobia o enfermedad que no les permite el traslado, las sesiones a un clic dejaron de ser algo inusual.  
“Estando en Dinamarca, me resultó imposible encontrar un psicólogo que tuviera el castellano como lengua madre. El año pasado tenía una serie de problemas que no podía resolver, entonces me planteé la posibilidad de hacer terapia nuevamente. Sin pensarlo demasiado empecé a buscar en Internet psicólogos que trabajaran con esta modalidadonliney encontré a mi actual terapeuta”, cuenta Marcelo Ramón, uruguayo de 40 años, licenciado en Letras.
 
 
“La mayor ventaja fue la posibilidad de tener una terapia en mi idioma”, dice, aunque sus veintiún años de residencia en Dinamarca le permiten hablar danés fluido, y dicta la mitad de sus clases en danés y la otra mitad en castellano, en la Universidad de Odense, a unos 140 kilómetros de Copenhague. “No tengo problema con el idioma, pero a la hora de hablar de cosas muy íntimas y profundas prefería hacerlo en castellano. Para mí es una ventaja fundamental poder comunicar determinados sentimientos en mi propia lengua. La única desventaja que veo y que no es algo que sucede frecuentemente es que a veces existe algún problema con la comunicación de Internet”, explica.
La distancia es una de las causas principales que lleva a los pacientes a tener una terapia virtual. Tal es el caso de Georgina Besozzi, licenciada en Recursos Humanos de 35 años que se fue a vivir a Chile hace 18 meses y se conecta cada semana con su terapeuta por Skype, desde su teléfono. “La ventaja es que nos conocemos mucho, son diez años de terapia. Siempre decimos que yo no necesito ver su cara y ella no necesita ver la mía. Lo vivo como si fuera presencial, no me traba para nada. Conocemos nuestros tonos de voz, creo que ella puede saber perfectamente cuál es mi estado anímico desde el relato, aunque no sea presencial. Eso hace que sea viable y que funcione”, cuenta desde el otro lado de la Cordillera.
Por lo general, ella se conecta desde algún bar para tratar los temas durante los cincuenta minutos de sesión; afuera de su casa, donde están sus hijos Nina (de casi 2 años) y Lorenzo (casi 5), que todavía no entenderían que no pueden interrumpir este encuentro.
 
“Siento que sigo avanzando igual que cuando estaba en Buenos Aires, incluso la terapia tomó un lugar muy importante para mí por todo lo que significa estar viviendo afuera. Es superimportante poder estar en contacto con un terapeuta argentino y contarle las cosas que me pasan viviendo como extranjera en otro lugar”, resalta.
En otros casos, la distancia no tiene tanto peso en la decisión de encarar un tratamiento con pantallas de por medio. Ana María Biesz, licenciada en Sistemas, de 51 años, se mudó recientemente de la zona sur de la provincia de Buenos Aires a Puerto Madero, y asegura que no cambiaría por nada la comodidad de tener sus sesionesonline.
Ella se separó de su pareja en diciembre, después de veinte años de relación. A la semana ya estaba haciendo terapia en consultorio, pero no le resultó en dos oportunidades, hasta que empezó con su actual psicólogo por Internet en febrero. “Hubo un avance muy importante en estos meses. Soy otra persona. He hecho un torbellino de cosas en mi vida y me siento bien. No voy a negar que tengo mis días, mi angustia. Hay muchas cosas que todavía tengo que ejercitar”, comenta sobre su experiencia.
“Me aportó muchísima ayuda. Podría resumirlo en lo que es la comodidad, pero más allá de eso tiene que haber detrás del Skype un buen terapeuta.” La comodidad es un factor que valora porque está en su propio sitio, con la luz que ella quiere, puede tomar un café, incluso fumar. “Me siento muy cómoda, como si él estuviera acá conmigo. Más allá de la terapia que hago por Internet, también tengo otros complementos, como por ejemplo el email o el WhatsApp, eso ayuda en los momentos difíciles que todos tenemos”, comenta.
La Red, el instrumento
“Internet es un instrumento para llevar adelante una terapia. No es una forma especial de terapia. Tiene ventajas y desventajas”, explica la doctora Inés Di Bártolo, profesora titular de la Universidad Católica Argentina (UCA). Aunque nunca se le hubiera ocurrido hacer una terapia de esta manera, hace unos seis años empezó con esta modalidad. Atendía a una familia de argentinos con dos hijos radicados en Uganda, y los veía en julio y diciembre. Ellos le propusieron seguir por Internet. “Yo no conocía a nadie que lo hiciera. De Uganda se mudaron a Malasia con once horas de diferencia horaria. Hice un trabajo de orientación a padres. Funcionó perfectamente. Lo mismo que hubiera hecho en consultorio, lo hice por esa vía”, asegura.
Cuando se prenden los monitores, los terapeutas del otro lado de la cámara deben prestar especial atención a los recursos con los que cuentan a pesar de la distancia física. “Hay que poder capturar una cantidad de señales que a veces en el contacto personal son más evidentes –comenta el licenciado Marcelo Sitnisky, especialista en psicoterapia virtual–. Es importante estar muy alerta para detectar un pequeño indicio. Algunos pacientes no pueden trabajar en Skype, porque tienen miedo de aparecer ante la cámara, o no tienen privacidad en su casa. Entonces hacemos el trabajo por chat, escribiendo. Ahí ni siquiera tenemos el recurso de ver la expresión de la cara. El tema entonces es poder capturar distintos tipos de señal: los espacios de tiempo en los que son escritas ciertas cosas, las demoras al responder, cuando algunos temas no se responden o no se plantean, o se plantean de otra manera.”
Para Sitnisky, el recurso visual es importantísimo, por eso prefiere el Skype con cámara. “El chat es el último recurso cuando no puedo usar ningún otro”, y cuenta que la mitad de sus pacientes se atiende online, sin distinción entre hombres y mujeres.
Según la doctora Di Bártoli –que atiende online al 25 por ciento de sus pacientes– hacer terapia presencial le agrega valor. “Me gusta mucho ver a los pacientes, la tercera dimensión es siempre un momento de mayor intensidad, pero muy pronto vuelve a ser lo mismo que en la otra vía. Lo que importa es la comunicación”, y afirma que cada vez son más los pacientes que reclaman el medio virtual.
Un argentino en Nueva York
Nicolás Lage, que se dedica a la exportación de granos, tiene 31 años y está viviendo en los Estados Unidos. Decidió continuar con su terapia a través de Skype. Ya tuvo experiencia con la terapia virtual cuando estaba en Buenos Aires, porque trabajaba en La Pampa y viajaba constantemente, pero la combinaba con la presencial. “Me gusta la terapia online, pero únicamente con Skype y cámara. Algunas veces tenemos que cortar la cámara por problemas con el ancho de banda, pero no es lo mismo hablar por teléfono sin vernos. El tema de la cámara le da un contexto mucho más real en el cual mi psicólogo puede ver mis gestos y mis caras, y eso es bastante importante, la comunicación más gestual”, cuenta desde Nueva York.
Para él, una de las ventajas de continuar con el tratamiento a distancia es que no perdió sesiones. “El problema que tenía era que interrumpía el tratamiento porque siempre estaba complicado, entonces al dejar de ir una o dos semanas tenés que ponerte al día en vez de profundizar en los temas. Y me parece que lo más útil es cuando realmente estás profundizando.”
Para él, la principal ventaja tiene que ver con la continuidad. “La terapia online es solamente un recurso que uso por la distancia. Mi psicólogo siempre me dice que mientras estoy en Buenos Aires es importante que no abuse de la terapia online, me tengo que arreglar para poder llegar. Ahora estoy viviendo afuera y es esto o nada”, dice Lage.
Con sus pros y contras, los pacientes le dan la derecha a esta modalidad. En algunos casos, si pudieran estar físicamente en el consultorio, lo harían sin dudar. Y en otros no. Del otro lado, profesionales de diferentes corrientes – psicoterapia integrativa, psicoanálisis, psicoanálisis de la teoría del apego– se embarcan en esta experiencia 3.0.
“Considero a Internet como una herramienta de comunicación importante si se sabe utilizar. Si uno puede pasar de lo virtual a lo real creo que tiene un cometido alucinante. Por ejemplo, en la terapia online hay una relación con el paciente que trasciende lo virtual: es un pedido de ayuda real y una respuesta a esa demanda”, explica la psicoanalista Maira Ávila, argentina que vive en Chile. Viaja frecuentemente y atiende a todos sus pacientes online –también tiene algún contacto con ellos en su consultorio– con sesiones desde Barcelona, Australia, Italia y Chile. “Que una persona pueda solamente establecer una relación terapéutica a través de Internet me preocuparía un poquito –agrega–. Pero es increíble contar con ese soporte en casos de fobias, limitaciones físicas o mudanzas.”
Para ella, lo presencial no tiene comparación. “Valoro muchísimo el encuadre del consultorio, el horario, la visita. Pero quizás hoy estoy rompiendo esos paradigmas y prejuicios que tenía”, asegura Ávila. Y explica que mucha gente que deja su país y tiene una afinidad con su terapeuta, si tuviera que cambiar de profesional, “no solamente que la empatía que se puede establecer no siempre se establece, sino también que los pacientes hacen una apertura desde lo mental y lo inconsiente, y a veces empezar con alguien nuevo genera un desgaste”.
No sólo funciona cuando se trata de la única opción. Gabriel Massaro, de 47 años, además de ser psicólogo es paciente virtual desde Moreno. En vez de acercarse unos kilómetros a la ciudad de Buenos Aires para ir al consultorio, elige prender la computadora en su casa. “La tendencia es que la terapia online va a ser tan habitual como lo fue en su momento el hecho de ir a un psicólogo. Antes era sólo para las personas que realmente tenían muchos problemas. Hoy la terapia es algo común, cualquier persona puede ir y no implica un estado de alteración mental, sino el hecho de querer estar bien. Vamos abriéndonos a las posibilidades de este uso, que evoluciona de la misma manera que fue evolucionando la idea de ir al psicólogo”, augura.
“El porcentaje de resolución de conflictos es aproximadamente el mismo en el caso presencial y a distancia”, según Sitnisky. De sendas maneras avanzan los tratamientos. “Hay algunos pacientes que utilizan el método a distancia y cuando pueden prefieren tener una sesión presencial. Por ejemplo tengo un consultante que es marino. Mientras él está embarcado, nos comunicamos a distancia; cuando está en tierra tenemos sesiones presenciales”, concluye.

 

 

Vínculos e Internet

Máximo Lameiro y Roberto Sanchez, en su  excelente investigación acerca de nuevas formas de vincularse, concluyen diciendo:

Como toda innovación tecnológica de fuste, Internet trae aparejado algo de desconfianza que suele esconder un profundo temor: el temor a que el nuevo artificio tecnológico destruya las capacidades humanas que viene a sustituir.

En el caso de internet y las nuevas tecnologías, la imagen temida es la de una persona (sola) frente a la luz mortecina de su monitor, alejada de sus semejantes, alejada del mundo, “comunicándose” sólo con su computadora.

 

… la presente investigación ha venido a demostrar que tal imagen es falsa, que Internet, al igual que el común de las tecnologías, viene a potenciar más que a destruir. En todo caso, se trata sólo de un instrumento, está en nosotros el uso que le demos.

Los entrevistados en esta investigación manifestaron que con Internet se comunican con personas, con personas (vale agregar) que de otra manera ni siquiera llegarían a conocer.

Los vínculos establecidos con esas personas (que pueden estar, literalmente, en cualquier lugar del mundo) suelen ser cuidados y fortalecidos demostrando de esta manera un interés por el otro que no se condice con la habitual imagen fría de una computadora.

Una de las características que permiten que esos vínculos se afiancen no siempre está presente en los vínculos “cara a cara”: la comunicación reflexiva. Las personas que se comunican vía Internet se toman el tiempo necesario para reflexionar antes de contestar un mensaje.

Este nuevo tempo interpersonal, si bien es condicionado (en principio) por la tecnología, se resignifica en cada vinculo interpersonal, enriqueciendo tanto el contenido de los intercambios como el desarrollo de la relación humana en sí misma.

La reflexividad aludida (y sus efectos) demuele también otro de los mitos negativos de la computación: que atrofia el pensamiento; por el contrario, puede ser un vehículo para la reflexión de temas profundos, algo que no es fácil de lograr en la vida cotidiana.

Otro de los potenciales de Internet es permitir a los usuarios poner en acto características ocultas de su personalidad, características que por diversos motivos permanecen latentes en su vida diaria. Naturalmente, los rasgos de personalidad que pueden expresarse a través de este medio de comunicación son tanto positivos como negativos, pero no debe juzgarse un medio de comunicación porque permite la expresión de aspectos patológicos de la personalidad. Sin embargo, si resulta decisivo su capacidad de potenciar aspectos adaptativos de las personas, de permitir la expresión de una distinta (o nueva) subjetividad.

También merece destacarse el sentimiento de pertenencia a una comunidad global que adquieren los usuarios de la red. Es en Internet más que en cualquier otro lugar donde las fronteras desaparecen, donde las personas pueden encontrarse sin que haya barreras entre ellas (ya que aún la barrera del idioma puede ser salvada).

Las conclusiones podrían seguir hasta abarcar tanto espacio como la investigación misma. Sólo habremos de agregar que para quienes asumimos el rol de investigadores, el trabajo fue ante todo una rica experiencia interpersonal, no solo en relación a aquellos que colaboraron para llevarlo a cabo, sino también entre nosotros mismos:

Roberto Sanchez y Máximo Lameiro no se habían visto antes de iniciar juntos este periplo y siguen aún sin haberse visto. Situados a cuatrocientos kilómetros de distancia uno del otro, pudieron establecer un vínculo fluido de intercambio y de colaboración, canalizado exclusivamente a través del e-mail. A partir del ciberespacio (de otro modo hubiera sido imposible) trabajaron juntos y fueron puliendo sus diferencias personales (y sus egos) hasta llegar a un verdadero producto de equipo.